«No fotografío a las personas. Fotografío el silencio que dejan detrás» — Inês Cabral
15.07.2026 — The Society

[CONTENIDO DE MUESTRA — persona ficticia, sustituir antes de publicar]
Inês Cabral, fotógrafa. Lisboa. Trabaja en gelatina de plata y dice que sus mejores retratos son de habitaciones vacías.
Nos recibe en Alfama, en un cuarto oscuro que fue despensa de una pensión. Del techo cuelga una cuerda con copias secando; huele a fijador y a café reca-lentado. Sobre la mesa, el fotómetro de su abuelo, con la correa remendada tres veces. «Funcionan los dos», dice, «el fotómetro y el abuelo, que era quien esperaba conmigo».
¿Cuál es la primera cosa que recuerdas haber hecho con las manos?
Revelar un carrete con mi abuelo, a los nueve años. No me dejó encender la luz durante una hora y me pareció el castigo más largo del mundo. Cuando apareció la imagen en la cubeta entendí que no era un castigo: era una liturgia. Todavía cuento los segundos en voz baja, como él.
¿Cómo trabajas?
Camino mucho y disparo poco. Puedo estar tres horas andando por Lisboa para hacer dos fotos. La gente cree que la fotografía es capturar el momento; para mí es esperar a que el momento se vacíe. Por eso fotografío lo que queda cuando la gente se va: la silla girada, la taza a medias, la luz que sigue entrando aunque ya no haya nadie que la mire.
¿Qué le sobra a la fotografía ahora mismo?
Cantidad. Todo el mundo dispara y casi nadie espera. Una foto que no cuesta nada no le duele a nadie, y lo que no duele no se recuerda. Yo hago doce copias buenas al mes. Doce. Mis alumnos creen que es poquísimo hasta que intentan hacer una.
¿Qué aprendes de otras disciplinas?
De los arquitectos aprendí a mirar la luz como material y no como accidente — discuto mucho con uno de París sobre esto. De los músicos, que el silencio no es ausencia: es estructura. Una foto sin silencio es ruido con marco.
¿Hay algo que todavía no te salga?
El color. Lo he intentado toda mi vida y me gana siempre. El blanco y negro me deja mentir menos. Quizá por eso vuelvo: no es estética, es honestidad.
Las cinco de The Society
Un objeto del que no te separas. El fotómetro de mi abuelo. Mide la luz peor que mi móvil y la entiende mejor.
Un lugar al que vuelves. El mirador de Santa Catarina en enero, cuando el Tajo está del color del papel de plata.
Algo que hiciste con las manos esta semana. Doce copias. Tres buenas. Un mes normal, comprimido.
Un creador (vivo) al que deberíamos entrevistar. Sofía Restrepo, una pintora de Ciudad de México que dice que el color es una forma de escuchar. Yo, que no sé escucharlo, necesito leerla.
¿Qué es para ti The Society? Yo fotografío lo que permanece cuando la gente se ha ido. The Society es lo contrario: lo que aparece cuando la gente llega.
Inês Cabral — fotógrafa — Lisboa



















































